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martes, 4 de diciembre de 2007

El Crédito Interempresarial

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La importancia de la financiación comercial en la estructura patrimonial de las empresas es evidente, pero este convencimiento no es suficiente, ya que es necesario examinar la evolución de los derechos económicos activos y pasivos que se generan con motivo de las transacciones que constituyen el objeto de la actividad empresarial y su influencia en la solvencia económica y en la situación financiera de la empresa.
La evaluación y comprensión de las situaciones individualizadas es más eficiente si se dispone de información consolidada a diferentes niveles, especialmente el sectorial, sobre el comportamiento de la financiación interempresarial, esto es, sobre el crédito comercial concedido y recibido. Es difícil disponer de datos actualizados en esta materia, pero no obstante, en los apartados siguientes vamos a documentar este tema con los datos estadísticos disponibles, de modo que se pueda establecer la importancia del crédito interempresarial en las actividades productivas y las características de las relaciones del mismo con otras variables de la economía empresarial, sirviendo este examen para orientar el que se realice a nivel de una determinada empresa.
En la estructura del balance de una empresa, los activos constituidos por los saldos de clientes forman parte del activo circulante, en tanto que los proveedores son parte del pasivo circulante. Ambos son componentes de signo opuesto del llamado crédito comercial o financiación interempresarial y a las familias, pues en el crédito concedido se engloba estadísticamente también el otorgado a las economías domésticas, entidades sin ánimo de lucro y administraciones públicas, si bien sería de sumo interés desagregar esta información, y por supuesto a nivel de la empresa es necesario que se haga. Tanto el crédito concedido como el recibido forman parte, respectivamente, de los activos circulantes sin rendimiento y pasivos circulantes sin coste, aunque en los precios en bastantes casos se incluya un interés implícito como consecuencia de los usos de aplazamiento, excepto en los sectores en que las ventas son realizadas estrictamente al contado.
Una estructura aproximada global de las empresas españolas, basada en datos de la Central de Balances del Banco de España de 1991, es la que aparece en la figura 1 siguiente.

Figura 1 (Click para ampliar)

Cuadro 12 (Click para ampliar)

La figura anterior constata la realidad del ejercicio 1991 sobre un total de 4.702 empresas. No tiene más valor que el meramente informativo y como consecuencia de un desequilibrio en la representación de los distintos segmentos empresariales (empresas públicas, grandes empresas privadas y PYME) e incluso en el ámbito sectorial, puesto de relieve por la propia Central de Balances del Banco de España, la proporción media representada puede estar sesgada en relación con la que corresponda para el conjunto total de las empresas españolas. Pero por otra parte, incluso la media real sólo tendría un valor de referencia macroeconómica, porque para cada sector o incluso para cada empresa, la composición de los grandes grupos de valores patrimoniales será diferente en función de su actividad específica, su estructura de capital y su política financiera. Los usos en materia de crédito comercial y de financiación de las compras y las ventas difieren, evidentemente, de un país a otro, y ello da lugar a las diferencias tan significativas que se observan en el denominado "crédito comercial" del cuadro siguiente, diferencias que se suavizan notablemente si se incluyen los "otros créditos". El conjunto indudablemente son derechos de cobro a corto plazo del activo circulante.
En cualquier caso, vamos a comentar en los párrafos siguientes la posición del crédito interempresarial y el concedido a las familias que se aprecia en la figura anterior. En primer lugar debemos aclarar porqué englobamos los conceptos de cliente y otros deudores de la explotación. Bajo el concepto de "otros deudores explotación" se incluyen toda clase de deudores no clientes con origen en las operaciones de las actividades típicas del objeto de la empresa, como igualmente en el concepto del pasivo "otros acreedores comerciales" están incluidos todos los acreedores no proveedores, pero cuyos créditos tienen su origen en el tráfico típico de la empresa. En parte, constituyen crédito interempresarial no diferenciado en las estadísticas globales de la Central de Balances, como son los anticipos a proveedores en el activo y los anticipos de clientes en el pasivo y otros deudores y acreedores por conceptos de explotación distintos de compras y ventas, aunque también se incluyen los débitos de y a las diferentes administraciones públicas y la seguridad social. Es evidente que todo este volumen de deudores en el activo está sujeto al riesgo de impago o morosidad. Ahora bien, en las estadísticas y examen de la evolución del crédito interempresarial nos basaremos en los saldos de clientes y proveedores que son los datos con los que es posible realizar algunas comparaciones.
Ciñéndonos en el examen a los saldos de clientes y proveedores, vemos que representan el 43,5% del activo circulante y el 29,3% del pasivo circulante, respectivamente. El fondo de maniobra o capital circulante (8,4+20,3+6,0–17,7–3,2) asciende a un 13,8 de los activos totales, capital circulante que sólo en una proporción ínfima procede de recursos estables (13,8–13,2 = 0,6; o sea el 4,3%), por lo que puede considerarse financiado con crédito a corto plazo. En un sentido estricto, el fondo de rotación (diferencia entre activos inmovilizados y recursos estables o permanentes) es prácticamente nulo por lo que hemos indicado. Ello significa que, globalmente, el grado de solvencia a corto de las empresas incluidas en la Central de Balances en 1991 se aproxima a cero en términos cuantitativos. A la vista del volumen que representan los activos de deuda de clientes y otros deudores de la explotación, la cobertura del riesgo de impago o morosidad de estos activos, con fondos a largo, resulta que no llega ni al 3 por ciento. Todavía más, si consideramos los deudores por conceptos ajenos a la explotación, que representan el 2,6 del balance, el margen antes citado se reduce al 2,6%. Este examen permite apreciar el peso del crédito interempresarial en la evaluación de la situación financiera de la empresa. La calidad de este crédito, medida por su grado de morosidad, que puede apreciarse, como veremos, por el alargamiento en la rotación y el aumento de su volumen sin correspondencia con el de la cifra de negocios, es decisiva en la calificación de la solvencia a corto plazo.
Se observa con los datos de la Central de Balances que el crédito a clientes supera notablemente al crédito recibido de proveedores. Sin embargo, la diferencia no refleja la realidad porque habría que consolidar la totalidad de los balances empresariales, incluyendo los empresarios individuales, para determinar en qué parte el saldo de clientes correspondía a las familias (economías domésticas y entidades sin ánimo de lucro) o incluso administraciones públicas adquirentes de bienes y servicios, que consolidadas todas las empresas debería ser la única diferencia entre el crédito concedido y el recibido.

Influencia de las Posiciones Dominantes en la Negociación del Crédito de Proveedores

También las empresas refinancian su crédito a clientes con el que ellas reciben de los proveedores, y según los sectores y el tamaño de las empresas esta forma de refinanciación puede cubrir el total de los saldos deudores de clientes. Esta modalidad se ve sujeta a fuertes tensiones que provienen de las empresas dominantes en cada sector, especialmente respecto de sus suministradores o proveedores. En efecto, las grandes empresas que proporcionan pedidos importantes a empresas auxiliares o productoras de elementos o bienes acabados tienen un elevado poder en la negociación de las condiciones de venta, tanto en cuanto a aquilatar los precios como a ampliar los plazos de pago. En los últimos años esta perversión del crédito interempresarial de carácter comercial se ha agudizado, provocando que las empresas de menor tamaño o capacidad de negociación concedan de hecho bajo la apariencia de crédito comercial un verdadero crédito financiero a las empresas a las que suministran, crédito que no es remunerado, porque el afinamiento de los precios incluso acompaña a estas transacciones, pese a aumentarse el plazo de pago. La propia Comisión de las Comunidades Europeas está estudiando la forma de evitar prácticas abusivas en materia de aplazamientos de pago. En España, este problema está incidiendo de forma muy negativa en la pequeña y mediana empresa y en los suministradores de productos para las grandes superficies de venta y grandes complejos industriales. Es evidente que la única salida para las PYME es endeudarse más con el sector bancario, lo que origina costes financieros elevados e imposibilidad de utilizar su capacidad de crédito para fines de inversión y desarrollo.
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